Las malas experiencias con carpinteros locales llevaron a un descubrimiento inesperado sobre una industria que está atrayendo capital de inversión de alto rendimiento. Tras conocer a The Lumber Manufactory (TLM), una compañía que trabaja para el sector de la carpintería, surgió un dato sorprendente: en Estados Unidos hay 119% más árboles que en 2007, y por cada árbol talado crecen dos nuevos, según la North American Forest Foundation.
Esta abundancia de recursos forestales contrasta con un problema estructural evidente: mientras los troncos abundan, la capacidad de procesamiento en aserraderos no ha crecido proporcionalmente. Los mexicanos dependen de la producción estadounidense debido a la falta de una industria maderera integrada en el país, situación que se evidencia en cualquier visita a Home Depot.
Es precisamente en ese desajuste donde TLM identifica su oportunidad de negocio. La startup está construyendo una red de aserraderos diseñados según las características regionales específicas: perfil de madera disponible, logística local, capacidad de mano de obra y demanda de clientes. Todos estos aserraderos operan bajo una plataforma tecnológica estandarizada de propiedad de la empresa.
El modelo promete resultados paralelos: bosques más saludables e impulso para economías rurales. Esta aproximación representa el tipo de deep tech que atrae a fondos de inversión y family offices en búsqueda de ganancias sostenidas a largo plazo, similar a como lo hicieron en su momento empresas de magnates reconocidos.
Otras iniciativas como Woodgenix, instalada en Yucatán, también están expandiendo sus operaciones en este sector que despierta creciente interés.