Adam Smith / Texas UTRGV
Oct 28, 2026
En la elección interna de Morena por Reynosa, el movimiento comandado por Claudia Sheinbaum, enfrenta su pregunta más incómoda: quién es morenista de verdad. Entre los aspirantes, uno responde sin necesidad de explicarse.
Vista desde fuera, la contienda interna de Morena en Reynosa podría parecer un asunto doméstico de una ciudad fronteriza de casi un millón de habitantes. No lo es. Lo que ahí se resuelva rumbo a 2027 condensa el dilema que atraviesa al partido gobernante en buena parte de México: seguir siendo un movimiento o convertirse en la franquicia de quienes ya mandaban antes de que Morena llegara al poder.
Ante esa pregunta, el nombre de Marcelo Olán Mendoza aparece con una nitidez que sus competidores no tienen y que, paradojicamente, lo convierte en un simbolo de unidad.
Un movimiento de muchas procedencias
Morena nació como una confluencia. López Obrador reunió bajo una sola bandera a la izquierda histórica, a movimientos sociales, a disidentes del PRI y, con el tiempo, a no pocos exmilitantes del PAN. Su liderazgo fue el pegamento: la causa tenía rostro, y ese rostro ordenaba a todos.
Sin él en la boleta, el pegamento se adelgaza. La ciencia política conoce bien lo que sigue. Otto Kirchheimer describió al partido «atrapatodo», que crece sumando sin preguntar de dónde viene cada quien; mucho antes, Robert Michels advirtió que toda organización tiende a quedar en manos de una minoría que la administra para sí.
En numerosas ciudades del país, y de forma muy visible en Tamaulipas, los grupos que controlaban la política local antes de 2018 no desaparecieron: cambiaron de siglas.
Conservaron estructuras, clientelas y reflejos, y hoy disputan las candidaturas de Morena con la misma lógica con que antes la combatían.
Reynosa no escapa al patrón. Entre quienes buscan encabezar al movimiento hay perfiles que llegan como cuota de grupos de poder ya instalados dentro del partido, cuya lealtad primera es con el padrino que los impulsa y no con el ideario que dicen representar. Hay trayectorias forjadas en la trinchera contraria, en el partido que durante años se opuso al proyecto que hoy aseguran abrazar; una credencial reciente no borra una biografía. Y hay aspiraciones que responden a un grupo económico familiar y lejos de las colonias donde Morena tiene a su gente.
Nada de eso es ilegal. Pero todo resulta difícil de conciliar con un movimiento fundado contra los privilegios y con una consigna que no admite matices: por el bien de todos, primero los pobres.
Origen, conducta y bases
Frente a ese paisaje, Olán destaca por una razón sencilla: no necesita explicar por qué está en Morena. Hijo de una familia campesina de la frontera entre Tabasco y Veracruz, llegó a Reynosa en 2002 sin dinero ni conocidos. En 2005, todavía estudiante de Derecho, viajó a la capital para sumarse a López Obrador rumbo a 2006. Ser lopezobradorista en
Tamaulipas no daba entonces cargos ni nóminas; daba trabajo y costos. No extraña que quienes fundaron el movimiento en la ciudad lo reconozcan como uno de los suyos.
Su manera de entender la política cabe en una idea que repite: participar para servir, no para servirse. No es un eslogan de temporada. Desde hace una década, la Fundación Marcelo Olán Mendoza sostiene trabajo social en Reynosa con recursos propios y de sus amigos, sin presupuesto público de por medio. Incluso su libro, La voluntad construye el destino, lo obsequia en lugar de venderlo. En un ecosistema donde abundan quienes descubren a los pobres en tiempo electoral, esa constancia pesa.
La coincidencia con el ideario morenista va más allá del discurso. La convicción obradorista de que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás, y el humanismo mexicano que reivindica la presidenta Claudia Sheinbaum, encuentran en él una traducción local: menos estructura de grupo y más presencia en el territorio; menos padrinazgos y más militancia.
Por eso las bases lo sienten propio. En las colonias populares, entre los fundadores y entre quienes cargaron la bandera cuando Morena no repartía cargos, Olán no es el candidato de alguien: es alguien de ellos. Su registro como aspirante a coordinar los Comités de Defensa de la Transformación en Reynosa, antesala de la candidatura, se entiende mejor así: como el paso de un militante y no como la jugada de una pieza en un tablero ajeno.
Para un observador internacional, la lección rebasa la frontera. Un partido que gana sumando a todos corre el riesgo de que, al final, gobiernen los de siempre con otra camiseta. La única vacuna es elegir a quienes encarnan los principios, no a quienes los recitan.
Morena definirá por encuesta a quien coordine su proyecto en Reynosa. En el fondo, será una pregunta sobre identidad. Si el movimiento quiere que su abanderado se parezca a Morena, en Reynosa la respuesta tiene nombre y apellido: Marcelo Olán.