La Cuarta Transformación no se hereda; se refrenda. Y en Tamaulipas, refrendarla pasa por un punto de encuentro que hoy tiene nombre en Reynosa.
Hay una tentación recurrente en los movimientos que gobiernan: creer que la fuerza acumulada se conserva sola. La historia reciente de México demuestra lo contrario. Los proyectos de transformación se sostienen mientras conservan dos cosas a la vez: el respaldo de la gente y la cohesión de quienes lo encabezan. Cuando una de las dos se pierde, la otra no tarda en resentirse.
Tamaulipas vive hoy un momento de definición. La Cuarta Transformación llegó al gobierno estatal con el impulso de millones de ciudadanos que decidieron cambiar el rumbo, y Reynosa, la ciudad más poblada del estado, fue una de las plazas donde ese impulso se expresó con mayor claridad. Darle seguimiento a ese proyecto no es un trámite ni una inercia: exige sumar, otra vez, a todos los que lo hicieron posible. A los aliados y a los simpatizantes, a los que militan desde el origen y a los que se incorporaron después, a los que están en el territorio y a los que están en la estructura. A todos.
El verdadero riesgo no está afuera
Conviene decirlo sin rodeos. En la política tamaulipeca de este tiempo, la amenaza más seria para la continuidad de la transformación no proviene de una oposición que no logra reconstruirse, sino de la posibilidad de que el morenismo llegue dividido a sus propias definiciones. Un movimiento amplio, por naturaleza, reúne corrientes, historias y lealtades distintas. Eso es una riqueza cuando existe un eje que las articula, y una vulnerabilidad cuando ese eje falta.
La pregunta de fondo, entonces, no es quién tiene más aspiraciones, sino quién tiene la capacidad de convocar. Quién puede sentar en la misma mesa a los distintos morenismos de Reynosa y convertirlos en un solo proceso. En esa pregunta, Marcelo Olán Mendoza aparece como el principal factor de unidad, y vale la pena explicar por qué.
Un punto de encuentro entre los distintos morenismos
El morenismo de Reynosa no es homogéneo, y pretender que lo sea es un error de diagnóstico. Hay, al menos, cuatro círculos que conviven en él, y Olán tiene puentes con cada uno.
El morenismo afín a la presidenta Claudia Sheinbaum. Es el morenismo que entiende la transformación como un proyecto de Estado con rumbo, con planes nacionales de desarrollo, con bienestar como política pública y no como consigna. Olán comparte esa visión de gobierno con resultados y se ha alineado con ella de manera consistente, sin cálculos de temporada.
Los viejos morenistas fundadores. Los que estuvieron cuando el movimiento no era gobierno ni promesa de gobierno, sino convicción. Olán pertenece a esa generación: fue parte del movimiento desde sus orígenes en Tamaulipas, cuando militar en él costaba y no rendía. Esa pertenencia le da una legitimidad que no se improvisa y que los fundadores reconocen como propia.
Los morenistas de calle y territorio. Los comités, los promotores, los que tocan puertas y organizan colonias. Son la base real del movimiento y suelen ser los menos escuchados cuando llega la hora de las definiciones. Olán tiene con ellos una relación directa, construida durante años de trabajo social a través de su Fundación, y no mediante intermediarios.
Los liderazgos estatales de Morena. Ninguna unidad local se sostiene si no está en sintonía con la dirección estatal del movimiento. Olán mantiene una relación de respeto y confianza con los liderazgos de Morena en Tamaulipas, lo que le permite ser interlocutor hacia arriba y hacia abajo al mismo tiempo. Esa doble vía es, precisamente, lo que define a un factor de unidad.
Eficiencia y lealtad: la credencial del servicio público
La unidad política no se construye solo con buenas relaciones; se construye con credibilidad. Y la credibilidad de Olán proviene de su trayectoria en el servicio público, donde su nombre es sinónimo de dos atributos que rara vez coinciden en la misma persona: eficiencia y lealtad.
Eficiencia, porque donde ha tenido responsabilidades ha entregado resultados medibles, sin estridencias y sin convertir la gestión en espectáculo. Lealtad, porque nunca ha utilizado una posición para construir un proyecto personal en contra del proyecto colectivo. En un movimiento que ha padecido, en otras latitudes, a quienes confunden la oportunidad con la convicción, esa combinación tiene un valor político enorme.
Integrar, no sustituir
Hay un aspecto que distingue la propuesta de unidad que encarna Olán de las que simplemente reclaman un turno. Él sí es capaz de integrar al equipo político actual del Ayuntamiento de Reynosa en un solo proceso. No se trata de borrar lo construido ni de empezar de cero, sino de reconocer el trabajo de quienes han gobernado la ciudad bajo las siglas de la transformación y sumarlo a una etapa siguiente.
Esa capacidad de integración es la diferencia entre una continuidad real y una continuidad nominal. La continuidad real conserva a la gente, los programas y los aprendizajes; la nominal conserva el logotipo. Reynosa necesita la primera.
Dos propósitos, un mismo camino
Todo lo anterior converge en dos objetivos que, bien entendidos, son uno solo.
El primero es dar fortaleza a la presidenta Claudia Sheinbaum para profundizar los cambios que México necesita. Un gobierno federal transformador requiere de gobiernos locales alineados, capaces de aterrizar las políticas nacionales en cada colonia y de responder con unidad cuando el proyecto lo exige. Reynosa, por su tamaño, su frontera y su peso económico, no es una pieza menor en ese tablero.
El segundo es fortalecer al gobernador Américo Villarreal para garantizar una transición tersa en el gobierno estatal de Tamaulipas. Las transiciones son los momentos más delicados de cualquier proyecto político: ahí se definen si los avances se consolidan o se dispersan. Un morenismo reynosense unido, con un liderazgo que articule en lugar de dividir, es la mejor garantía de que el relevo estatal ocurra sin fracturas y con el proyecto intacto.
La unidad se construye
La unidad no se decreta ni se declara en un comunicado. Se construye con biografía, con relaciones, con resultados y con la disposición de poner el proyecto por encima de la persona. Marcelo Olán reúne esas condiciones no porque lo diga él, sino porque lo reconocen, desde distintos lugares del movimiento, quienes tendrían motivos para no coincidir en nada más.
Ese es, en el fondo, el argumento. En un momento en que la Cuarta Transformación en Tamaulipas necesita de todos sus votos y de todas sus voluntades, el movimiento en Reynosa tiene un punto de encuentro. Aprovecharlo es una decisión de madurez política. Desperdiciarlo sería, sencillamente, un lujo que la transformación no se puede permitir.
Celso Piña Glz. – Ciudad de México – 20 de Octubre 2026.