La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta un escenario radicalmente distinto al que administró su antecesor. Mientras AMLO logró un acuerdo con Donald Trump basado en la contención migratoria y seguridad fronteriza a cambio de no interferencia en asuntos internos, el segundo mandato trumpista pivota hacia un enfoque centrado únicamente en seguridad. Durante la administración anterior, Marcelo Ebrard negoció acuerdos informales incluyendo la aceptación de migrantes deportados sin formalidades diplomáticas, lo que sorprendió al entonces Secretario de Estado Mike Pompeo por su nivel de concesión. AMLO comprendía que Trump toleraría su transformación institucional a cambio de estabilidad en la frontera sur. El panorama ha cambiado sustancialmente. El Escudo de las Américas representa la nueva Doctrina Monroe trumpista, colocando a México y Estados Unidos en una confrontación diplomática donde ambas naciones defienden visiones antagónicas. Mientras Lula de Brasil y Gustavo Petro de Colombia ya han visitado la Casa Blanca bajo esta nueva dinámica, Sheinbaum aún no realiza su encuentro bilateral. Las decisiones previas de México resultaron contraproducentes para su posición regional. La renuncia de Martha Bárcena como embajadora en Washington marcó el declive de la diplomacia institucionalizada mexicana. Su reemplazo por un burócrata sin experiencia diplomática, junto con la eliminación de la Subsecretaría para América del Norte, debilitó significativamente la capacidad negociadora. AMLO confiaba en que Estados Unidos ocultaría investigaciones sobre vínculos entre políticos mexicanos y crimen organizado, pero la pandemia obligó a la administración Biden a enfocarse en recuperación económica e inversión en semiconductores, dejando el tema migratorio en segundo plano. Las ausencias mexicanas en la Cumbre de las Américas en Los Ángeles y en la Cumbre por la Democracia en 2021 profundizaron el distanciamiento. Agencias de inteligencia estadounidenses poseen documentación sobre conexiones entre el gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y el cártel regional, información que ha sido ignorada por la actual administración. Recientemente, la presidenta acusó a la gobernadora de Chihuahua de facilitar operativos de la CIA contra laboratorios de fentanilo, una afirmación que durante siete días erosionó gravemente la cooperación bilateral. Una única palabra define ahora la viabilidad de las relaciones: cooperación. Sin ella, México no tiene instrumentos para negociar en esta nueva fase de confrontación estratégica.
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