La región de Medio Oriente experimenta una intensificación de las operaciones militares y confrontaciones diplomáticas. El gobierno israelí, a través de su primer ministro Benjamin Netanyahu, ha ordenado la expansión de las zonas de seguridad en territorio libanés, argumentando la necesidad de neutralizar amenazas provenientes de Hezbolá y evitar incursiones de combatientes. Paralelamente, Kuwait reportó que diez integrantes de sus Fuerzas Armadas resultaron lesionados en un ataque dirigido a uno de sus campamentos militares. En el frente diplomático, el representante de Irán ante Líbano, Mohammad Reza Raeuf Sheibani, rechazó acatar la orden de expulsión emitida por autoridades libanesas, decidiendo permanecer en el país en coordinación con el movimiento chiita Hezbolá y el presidente del Parlamento libanés. Las operaciones aéreas continúan siendo protagonistas del conflicto. Israel confirmó haber ejecutado ataques contra instalaciones iraníes dedicadas a la producción de componentes para misiles balísticos, sistemas de defensa aérea y fabricación de drones. Irán, por su parte, acusa a Estados Unidos e Israel de bombardear la Universidad Tecnológica de Isfahán. Como respuesta, los Guardianes de la Revolución iraníes han proferido amenazas de ataques contra universidades estadounidenses en la región, lo que llevó a la Universidad Americana de Beirut a implementar clases remotas como medida preventiva. En el ámbito militar, el jefe de la Marina iraní, Shahram Irani, amenazó con atacar al portaviones estadounidense USS Abraham Lincoln si este se aproxima al rango de fuego. Diplomáticamente, cancilleres de Pakistán, Arabia Saudita, Egipto y Turquía se reunieron en Islamabad para analizar la situación, aprovechando el rol mediador de Pakistán entre Washington y Teherán.
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