El próximo 26 de agosto se conmemora un nuevo aniversario del natalicio de Julio Cortázar, uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Nacido en Bruselas en 1914 como resultado de circunstancias diplomáticas y turísticas, Cortázar llegaría a la Argentina a los cuatro años, trayendo consigo un marcado acento francés que lo acompañaría toda la vida. En sus propias palabras, su infancia transcurrió en un pueblo suburbano de Buenos Aires rodeado de animales diversos, aunque lejos de ser idílica. La sensibilidad excesiva, el asma y los amores desesperados marcaron aquella época, circunstancia que el autor atribuyó a su incapacidad desde temprano de aceptar el mundo tal como le era presentado. Cortázar desarrolló una particular capacidad de cuestionamiento: no le bastaba con que un objeto fuera simplemente una mesa o que una palabra tuviera un único significado. Esta característica se convertiría en la médula de su obra literaria. Como traductor y narrador de excepcional talento, Cortázar alcanzó la fama internacional con la publicación de Rayuela, novela revolucionaria que desafió las convenciones del género. Su primera tirada de cinco mil ejemplares se agotó rápidamente, generando innumerables análisis críticos. La obra se distinguía por su estructura innovadora que permitía múltiples formas de lectura, siguiendo un tablero de rayuela donde los capítulos funcionaban como unidades independientes. El propio Cortázar explicó que durante su escritura procedía sin un plan previsto, inventando sobre la marcha. A pesar de que Rayuela consolidó su prestigio internacional como referente del boom latinoamericano, fueron sus cuentos los que le permitieron explorar con mayor libertad su particular visión narrativa, convirtiéndose estas piezas breves en las más queridas por lectores y críticos especializados.
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