«No mentir, no robar, no traicionar: servir, no servirse».
— Marcelo Olán Mendoza
En Morena hay tres principios que todos conocemos: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. Los hemos escuchado en discursos, reuniones y campañas. Son parte de la identidad del movimiento. Pero hay algo que no debemos olvidar: *una cosa es repetirlos y otra muy distinta es vivir conforme a ellos.*
Y es ahí donde vale la pena detenernos. Porque cuando se habla de quién debe coordinar Morena en Reynosa, no basta con escuchar promesas. Hay que revisar trayectorias, decisiones y, sobre todo, lo que cada persona ha hecho cuando nadie la estaba mirando.
La historia de Marcelo Olán Mendoza ofrece varios episodios que merecen examinarse a la luz de esos principios.
No mentir.
Marcelo es abogado y conoce bien su oficio. En su libro cuenta que aprendió algo que parece sencillo, pero que no siempre resulta fácil de practicar: decir la verdad, aunque eso signifique perder un cliente.
Explica que prefiere hablar con franqueza sobre las posibilidades reales de ganar un juicio, antes que prometer resultados que no puede garantizar. Lo compara con un médico que tiene la obligación de decirle a su paciente lo que realmente padece, aunque la noticia sea difícil.
En política ocurre algo parecido. Muchas veces se dice lo que la gente quiere escuchar, no lo que necesita saber. Por eso, la honestidad no debería medirse por la contundencia de un discurso, sino por la congruencia entre las palabras y las decisiones.
No robar.
Marcelo cuenta que, cuando nacieron sus hijos, asumió un compromiso personal: vivir con honestidad y mantenerse lejos de la corrupción.
Afirma que sus declaraciones y comprobantes fiscales están disponibles para quien quiera revisarlos. También dejó escrita una idea que resume su manera de entender el servicio: ayudar siempre que exista la oportunidad, por pequeña que sea, sin buscar primero el beneficio propio.
La fundación que lleva su nombre es otra parte de su historia. Según relata, lleva diez años trabajando con recursos propios y aportaciones de amigos, bajo una regla muy concreta: todo lo que se reúne debe llegar a quienes lo necesitan.
Son afirmaciones que pueden y deben contrastarse con documentos y resultados. Porque la transparencia no consiste solamente en asegurar que no hay nada que esconder, sino en permitir que los demás puedan comprobarlo.
No traicionar.
Quizá este sea el principio más complicado de los tres.
Es relativamente fácil hablar de lealtad cuando las cosas marchan bien. Lo difícil viene cuando aparecen las derrotas, las diferencias o las oportunidades de tomar otro camino.
Marcelo sitúa su acercamiento al movimiento de López Obrador en 2005, cuando todavía era estudiante y trabajaba lavando platos para sostenerse. En 2006 participó como observador electoral. Después llegaron años de organización, dificultades y espera, hasta el triunfo de 2018.
En 2024 participó en una encuesta interna cuyo resultado no le favoreció. Permaneció en Morena y continuó su trabajo en las colonias.
Ese episodio plantea una pregunta importante sobre la lealtad política: ¿qué hace una persona cuando las decisiones del movimiento no coinciden con sus aspiraciones?
Porque la congruencia también se pone a prueba cuando toca aceptar un resultado adverso.
Los documentos de Morena establecen que sus representantes deben servir y no servirse, actuar con honestidad, ética, congruencia y austeridad republicana. No son exigencias menores. Tampoco deberían ser cualidades extraordinarias. Son obligaciones básicas para cualquiera que aspire a una responsabilidad política.
Y aquí conviene decir algo: ningún militante, por larga que sea su trayectoria, está exento del escrutinio. Ni Marcelo ni ningún otro aspirante. Los compromisos personales, los testimonios y las historias de vida adquieren verdadero valor público cuando pueden respaldarse con hechos verificables.
En Reynosa, donde la militancia conoce bien las dificultades de construir un movimiento político, esta discusión merece darse con seriedad.
Porque no mentir, no robar y no traicionar no son tres frases para adornar una campaña. Son tres compromisos que deben resistir la prueba de los hechos.
La historia de Marcelo Olán aporta elementos para esa conversación. Corresponde examinarlos con el mismo rigor que se exigiría a cualquier persona que busque coordinar Morena.
Al final, la pregunta más importante no es quién pronuncia con mayor fuerza los principios del movimiento.
Es quién puede demostrar, con su conducta y su trayectoria, que ha vivido de acuerdo con ellos.
Y esa es una pregunta que merece respuestas con pruebas, no solamente con palabras.