En los municipios de crecimiento acelerado, hay una carencia que rara vez aparece en las estadísticas: la falta de espacios públicos donde la comunidad pueda reunirse, formarse y organizarse. Tlajomulco, uno de los municipios más dinámicos de Jalisco, ilustra el problema.
El crecimiento poblacional se mide en vivienda, pero no en equipamiento comunitario. Los fraccionamientos se multiplican sin plazas, sin centros culturales, sin auditorios. La vida comunitaria queda sin lugar donde suceder.
En Santa Cruz de las Flores, las actividades educativas y de organización vecinal ocurrían en espacios prestados o improvisados. Un taller para padres de familia dependía de que el clima acompañara. Una sesión de capacitación competía con el ruido de un patio escolar. La ausencia de un espacio adecuado no cancelaba la voluntad de la comunidad, pero sí la limitaba.
El déficit de espacios públicos es un problema de equidad territorial. Las zonas centrales de las ciudades concentran la infraestructura cultural y comunitaria; las periferias quedan sin ella. Los habitantes de estas zonas tienen que desplazarse o renunciar a actividades que en otros lugares se dan por sentadas.
En este marco se inscribe el auditorio que Laboratorios PISA construyó en Santa Cruz de las Flores. Más que una obra, resolvió una carencia estructural: dotó a la comunidad de un lugar propio para la formación y el encuentro.
El déficit de espacios públicos seguirá siendo un desafío para los municipios que crecen sin planeación. Pero el caso de Santa Cruz de las Flores muestra que llenar ese vacío cambia la escala de lo que una comunidad puede hacer por sí misma.