Durante la última semana, presencié cómo decenas de personas esperaban pacientemente en una larga fila para adquirir un producto lácteo que hace apenas seis meses era completamente desconocido. Al conversar con varios de los asistentes, descubrí que pocos podían justificar racionalmente su presencia allí. Lo que realmente estaban adquiriendo no era solo el producto en sí, sino la experiencia de participar en un momento trendy, el ritual social y la posibilidad de afirmar haber estado presente cuando se consulte sobre el tema posteriormente. En la actual economía de la atención, la vivencia asociada al producto frecuentemente supera en valor al bien mismo. Este fenómeno representa una transformación radical respecto a décadas anteriores. Las modas comerciales históricamente se propagaban lentamente, requiriendo años para atravesar fronteras y generaciones para consolidarse. Actualmente, un video viral en TikTok puede convertir un negocio local de una ciudad asiática en destino codiciado en América Latina en cuestión de horas. Los ciclos temporales se han acelerado dramáticamente, lo que resulta en que un local desbordado de clientes en la actualidad puede encontrarse vacío en tres meses, no por deficiencias en su producto sino porque la atención colectiva ha migrado hacia la siguiente novedad. El riesgo empresarial radica en fundamentar toda una operación comercial sobre fenómenos pasajeros. Se han documentado casos de emprendedores que construyeron negocios íntegros alrededor de productos viralados: bebidas de tendencia, snacks fotogénicos, conceptos gastronómicos instagrameables. Durante períodos breves, estos negocios experimentaron ventas extraordinarias y cobertura espontánea en plataformas digitales. Sin embargo, cuando el interés colectivo se desplazó hacia otra parte, estos emprendimientos enfrentaron un colapso abrupto, no por errores operacionales sino simplemente por la naturaleza efímera del fenómeno. La estrategia recomendable no consiste en preguntarse cómo integrarse a una tendencia, sino cómo incorporarla a estructuras empresariales ya consolidadas. Las empresas que perduran tras ciclos breves son aquellas que tratan los fenómenos virales como capas adicionales dentro de su modelo, nunca como sus fundamentos. Una compañía alimentaria establecida con distribución consolidada, cartera de clientes fidelizados y reputación ganada puede lanzar ediciones limitadas de productos de moda, capturar la atención momentánea del mercado y, cuando la tendencia desaparezca, su operación principal permanece intacta. Esta estrategia de portafolio diverso representa verdadera visión de largo plazo disfrazada de versatilidad empresarial.
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