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México evalúa extraer recursos no convencionales: la apuesta por recuperar soberanía energética

La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó esta semana que el gobierno evaluará técnicas de extracción de gas y petróleo de formaciones no convencionales, sin mencionar explícitamente el fracking. En su lugar, fundamentó la decisión en argumentos de soberanía energética y seguridad geopolítica, citando ejemplos como la dependencia europea del gas ruso. A través de un panel de especialistas, el Ejecutivo pretende construir un consenso que permita avanzar en esta dirección mientras mantiene sus credenciales ambientalistas. El anuncio no resulta sorpresivo para analistas del sector energético, pues el Plan Estratégico de Pemex publicado en agosto ya lo anticipaba. Lo relevante es que se explicite públicamente y que la administración muestre disposición para replantear su postura inicial. Existen dos motivaciones evidentes detrás de este cambio de rumbo. En primer lugar, la vulnerabilidad por dependencia energética: México importa gas natural estadounidense porque la producción local resulta más cara. En segundo lugar, la producción de hidrocarburos ha experimentado una caída sostenida durante décadas, amenazando la posición de México en el mapa petrolero regional frente a competidores como Guyana, cuyas proyecciones alcanzan 1.7 millones de barriles diarios para 2030. Un gobierno que ha colocado la soberanía energética como bandera difícilmente desearía concluir su mandato consolidando a la nación como importador neto. Sin embargo, la verdadera complejidad radica en la implementación. Pemex carece de capital suficiente, tecnología especializada y capacidad operativa para ejecutar un programa de esta magnitud. La Secretaría de Energía ha reconocido repetidamente que estos son años críticos para las finanzas de la paraestatal, con casi la mitad de su deuda venciendo durante esta administración. La participación de inversionistas privados resulta indispensable, pero estos requieren reglas transparentes, certidumbre regulatoria y perspectivas viables de retorno sobre su inversión, condiciones que aún no se encuentran claramente establecidas.

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